MentalCareClinic no nació de un cambio de nombre.
Es el resultado de una historia que comenzó muchos años antes, alrededor de una inquietud: comprender el sufrimiento humano más allá de sus síntomas y construir espacios donde cada persona pudiera ser escuchada desde la singularidad de su historia.
Antes de existir una clínica había una búsqueda.
Desde finales de la década de los dos mil, Pedro Luis Maldonado Gordillo desarrollaba su formación entre la psicología, el psicoanálisis, la filosofía y el estudio de las adicciones. Su trayectoria profesional lo llevaría también al trabajo con instituciones y centros especializados, mientras comenzaba a configurarse una manera particular de entender la clínica: rigurosa en el diagnóstico, interdisciplinaria en el tratamiento y, al mismo tiempo, profundamente interesada en la subjetividad de cada persona.
En 2011 surgió Círculo Analítico, un espacio de reflexión dedicado a abordar temas complejos de la vida psíquica desde el psicoanálisis, la psicología y la filosofía. Aquellas primeras conversaciones alrededor del sufrimiento, el suicidio, el deseo, los vínculos y la condición humana anticipaban una idea que posteriormente se convertiría en institución: la salud mental necesitaba lugares para tratar, pero también espacios para pensar, escuchar y comprender.
En 2014 esa idea comenzó a tomar forma institucional con la creación de Clínica AT Especialidades en Salud Mental, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Desde sus primeros años, Clínica AT se planteó como un espacio multidisciplinario de alta especialidad dedicado a la prevención, el diagnóstico oportuno y el tratamiento integral de niños, adolescentes, adultos, parejas y familias. Su propuesta se construyó alrededor de principios que continúan siendo fundamentales para nosotros: ética, profesionalismo, confidencialidad y actualización permanente.
Pero muy pronto el consultorio dejó de ser suficiente.
Había personas cuyo sufrimiento requería algo diferente: mayor acompañamiento, estructura cotidiana, cuidados y presencia terapéutica, sin que todas ellas necesitaran necesariamente la lógica de una hospitalización psiquiátrica tradicional.
Fue entonces cuando comenzaron a desarrollarse distintas modalidades de atención.
Clínica AT llegó a integrar Consulta Externa, Tratamiento Residencial y programas de Medio Camino.
En aquellos años surgieron también los espacios TRIADA, concebidos como dispositivos residenciales y de comunidad terapéutica. Con ellos comenzó una búsqueda que, con numerosas transformaciones, continúa hasta nuestros días: encontrar formas humanas, profesionales y clínicamente responsables de acompañar a una persona también en su vida cotidiana.
La institución empezó así a reunir distintas disciplinas alrededor de una misma persona.
Psicología, psicoterapia, psiquiatría, acompañamiento cotidiano y otras áreas comenzaron a dialogar para evitar que el tratamiento quedara fragmentado en intervenciones aisladas.
Paralelamente, Clínica AT se convirtió también en un espacio de formación. Supervisión clínica, psicoanálisis, psicoterapia de pareja y familia, psicogerontología, adicciones y círculos de lectura de Freud y Lacan formaron parte de aquella etapa.
Desde entonces se fue consolidando una convicción que todavía orienta nuestro trabajo:
ninguna disciplina, por sí sola, puede explicar completamente a una persona.
Durante los años siguientes la institución atravesó distintas etapas, espacios físicos, equipos de trabajo y formas de organización.
La práctica clínica cotidiana fue mostrando qué funcionaba, qué debía modificarse y qué necesitaba ser pensado nuevamente.
Clínica AT continuó siendo durante años el nombre con el que muchas personas conocieron nuestro trabajo. Todavía en 2022, las actividades de tratamiento residencial eran difundidas públicamente bajo esa identidad.
Sin embargo, el proyecto ya era mucho más amplio que la clínica que había nacido una década atrás.
Poco a poco comenzó a aparecer una nueva manera de nombrarnos: Clínica para el Cuidado Mental.
La palabra cuidado no era casual.
Expresaba algo que la experiencia nos había enseñado: existen momentos en los que una persona necesita tratamiento especializado, pero también momentos en los que necesita compañía, estructura, descanso, enfermería, actividades, vínculos, cotidianeidad y un entorno capaz de sostenerla mientras recupera gradualmente su autonomía.
Durante 2025 esa denominación comenzó a hacerse visible también públicamente.
Era una transición.
Y también una declaración de principios.
Con los años, aquella primera Clínica AT fue evolucionando hasta convertirse en lo que hoy llamamos MentalCareClinic.
La nueva identidad representa la integración de más de una década de experiencia clínica con una estructura institucional mucho más precisa.
Actualmente MentalCareClinic se organiza en dos grandes unidades que trabajan coordinadamente pero conservan funciones claramente diferenciadas:
MentalCareClinic – Consulta Externa, dedicada a la evaluación y al tratamiento especializado a través de disciplinas como psiquiatría, psicología clínica, psicoterapia y medicina.
Y MentalCareClinic – Estancia Residencial, concebida como un espacio de alojamiento terapéutico, acompañamiento psicosocial, cuidados de enfermería, organización cotidiana y apoyo durante distintos momentos de un proceso de recuperación.
Ambas unidades se encuentran hoy integradas dentro del mismo complejo institucional en Tuxtla Gutiérrez.
A partir de esta nueva etapa se desarrollaron modelos más definidos de atención residencial, entre ellos la Estancia Residencial de Puertas Abiertas (ERPA) y la Estancia Residencial de Estabilización Psiquiátrica (EREP), además de dispositivos de transición y Medio Camino.
No buscamos reproducir un hospital dentro de una casa.
Tampoco creemos que una estancia residencial deba convertirse simplemente en un lugar donde una persona permanezca mientras el tiempo pasa.
Nuestra intención es construir un entorno donde cada intervención tenga un propósito y donde el acompañamiento cotidiano pueda formar parte de un proyecto terapéutico individualizado.
Después de años de experiencia comprendimos igualmente la importancia de establecer límites claros.
Por eso MentalCareClinic distingue hoy cuidadosamente las funciones clínicas de las funciones residenciales; la psicoterapia del acompañamiento; la prescripción médica de los cuidados de enfermería; una crisis manejable dentro de una estancia residencial de aquella que requiere atención hospitalaria.
La profesionalización del proyecto significó desarrollar manuales, protocolos, reglamentos, procedimientos de referencia y contrarreferencia, sistemas de evaluación y modelos de intervención específicos.
Crecer dejó de significar solamente atender a más personas.
Comenzó a significar hacerlo mejor.
A pesar de todos estos cambios existe algo que permanece desde aquellos primeros años.
Nuestra manera de entender la salud mental parte de una idea sencilla:
un diagnóstico puede orientarnos, pero nunca puede explicar por completo a una persona.
Dos personas pueden compartir el mismo diagnóstico y, sin embargo, tener historias, conflictos, recursos, deseos, familias y necesidades completamente diferentes.
Por ello intentamos construir cada tratamiento alrededor de la singularidad.
Nos interesa el síntoma, pero también lo que ese síntoma significa.
Nos interesa la estabilidad, pero también la autonomía.
Nos interesa disminuir el sufrimiento, pero también ayudar a que la persona pueda reconstruir vínculos, proyectos y posibilidades de vida fuera de la institución.
Han cambiado los nombres.
Han cambiado los espacios.
Han cambiado los equipos y los modelos de atención.
Clínica AT, TRIADA, Clínica para el Cuidado Mental y finalmente MentalCareClinic forman parte de una misma historia de aprendizaje y transformación.
Lo que comenzó en 2014 como una clínica de especialidades en salud mental es hoy un proyecto que integra Consulta Externa, Estancia Residencial, atención interdisciplinaria y distintos dispositivos terapéuticos.
Pero nuestra historia no se mide solamente por los años transcurridos.
Se mide también por las personas y familias que nos han permitido acompañarlas en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas; por los profesionales que han formado parte de este proyecto; por aquello que hemos tenido que corregir y volver a pensar; y por la convicción de que una institución de salud mental nunca debe dejar de preguntarse cómo cuidar mejor.
Hoy llamamos a ese proyecto MentalCareClinic.
Y seguimos trabajando sobre la misma pregunta que, de distintas maneras, estuvo presente desde el inicio:
¿cómo crear un lugar donde una persona pueda ser atendida clínicamente sin dejar de ser reconocida como sujeto de su propia historia?
Esa pregunta sigue guiando nuestro camino.