La Estancia Residencial de Estabilización Psiquiátrica (EREP) es una modalidad de atención residencial temporal orientada a personas que requieren un periodo breve de mayor contención terapéutica, observación clínica, supervisión de medicación, cuidados primarios y acompañamiento profesional para favorecer su estabilización psiquiátrica, sin que ello implique hospitalización.
La estancia suele tener una duración aproximada de 15 días a 1 mes y hasta 3 meses cuando, según la opinión del psiquiatra tratante respecto a la evolución clínica del residente, la valoración del equipo y los objetivos alcanzados durante el proceso.
Atención personalizada
Los residentes tienen la posibilidad de llevar el control psiquiátrico, psicoterapéutico y psicológico con especialistas de Consulta Externa de MentalCareClinic
Psicoterapia grupal
MentalCareClinic lleva a cabo todos los días una serie de actividades terapéuticas y recreativas como psicoterapia grupal, junta comunitaria, activación física, espacios de lectura, etcétera.
Habitaciones cómodas
Espacios cómodos, limpios y saludables para el buen descanso y la pronta rehabilitación
Talleres
Los residentes tienen a disposición distintos talleres para fortalecer el autonocimiento y autonomía como es taller de pintura, elaboración de macetas, velas, pulseras, entre otros.
Favorecer la estabilización psiquiátrica y funcional del residente en un entorno residencial breve, estructurado y protegido, mediante observación clínica, supervisión de medicación, regulación de hábitos básicos, intervención psicológica de apoyo y participación familiar, con la finalidad de preparar una continuidad terapéutica más segura al egreso.
Durante la estancia se buscará, de forma general:
Disminuir síntomas agudos o descompensaciones que motivaron el ingreso.
Favorecer estabilidad emocional, conductual y funcional.
Mejorar la adherencia al tratamiento psiquiátrico y médico indicado.
Regular hábitos de sueño, higiene, alimentación y rutina diaria.
Disminuir conductas de riesgo, impulsividad o desorganización importante.
Favorecer mayor cooperación con el tratamiento.
Identificar necesidades clínicas, psicológicas y familiares relevantes.
Orientar a la familia o red de apoyo sobre el estado del residente y la continuidad recomendada.
Preparar un egreso con mejores condiciones de estabilidad y menor riesgo inmediato de recaída o descompensación.
El residente podrá recibir, según valoración clínica y evolución:
Valoración inicial y seguimientos por psiquiatría.
Revisión diagnóstica y reevaluación clínica.
Ajuste o continuidad de tratamiento farmacológico cuando sea necesario.
Valoración de riesgo y definición de criterios de continuidad, egreso o referencia.
Valoración médica de apoyo.
Revisión de estado general de salud.
Detección de malestares físicos o condiciones concurrentes.
Vigilancia básica de efectos secundarios o complicaciones médicas relevantes.
Supervisión y registro de toma de medicamentos.
Observación de sueño, alimentación, higiene y conducta general.
Apoyo en autocuidado cuando el residente lo requiera.
Detección y comunicación oportuna de cambios clínicos.
Espacios individuales de escucha y orientación.
Contención emocional básica.
Apoyo para comprensión del proceso actual.
Fortalecimiento de cooperación terapéutica y regulación emocional.
Rutina básica de horarios.
Espacios grupales o psicoeducativos, cuando el estado del residente lo permita.
Actividades de baja exigencia que favorezcan regulación, organización y convivencia.
Acompañamiento en hábitos cotidianos.
Entrevistas de orientación.
Devolución general sobre objetivos del proceso.
Señalamiento de factores que pueden ayudar o dificultar la evolución.
Preparación para el egreso y continuidad del tratamiento.
Durante EREP, el equipo observará y acompañará principalmente las siguientes áreas:
estado emocional general;
conducta y nivel de cooperación;
sueño y descanso;
alimentación e hidratación;
higiene y autocuidado;
adherencia a medicación;
convivencia y tolerancia al entorno;
presencia o disminución de conductas de riesgo;
relación con la familia o red de apoyo;
necesidad de continuidad o cambio en el plan terapéutico.
Al finalizar la EREP, se espera que el residente haya logrado, en la medida de lo posible:
Mayor estabilidad clínica que al ingreso.
Menor desorganización emocional o conductual.
Mejor tolerancia a la rutina y al acompañamiento.
Mayor adherencia a la medicación y al tratamiento indicado.
Mejoría básica en sueño, higiene, alimentación y autocuidado.
Disminución de riesgo inmediato.
Una ruta de continuidad terapéutica más clara.
Mayor orientación para la familia sobre cómo acompañar el proceso posterior.
Es importante señalar que la EREP no garantiza una “cura” en un mes, sino un periodo breve de estabilización y reorganización clínica que permita continuar el tratamiento en mejores condiciones.
La familia o red de apoyo es una parte importante del proceso. Durante la estancia, se espera que pueda colaborar de la siguiente manera:
proporcionando información clínica y contextual relevante;
manteniendo comunicación con el equipo cuando se solicite;
participando en entrevistas de orientación;
evitando confrontaciones, presiones o mensajes contradictorios al residente;
preparándose para el egreso y la continuidad del cuidado.
La familia debe comprender que EREP es una estancia breve de estabilización, por lo que el trabajo posterior en consulta externa, psicoterapia, psiquiatría o seguimiento familiar suele ser indispensable.
La EREP no sustituye:
la hospitalización cuando ésta sea necesaria;
el tratamiento ambulatorio de largo plazo;
la psicoterapia profunda o prolongada;
el tratamiento residencial especializado en adicciones cuando el problema principal sea el consumo;
el trabajo familiar de largo plazo;
ni el acompañamiento posterior al egreso.
EREP es un recurso breve de apoyo clínico-residencial, no un tratamiento total y definitivo en sí mismo.
La familia debe saber que el plan puede ajustarse según la evolución del residente. Durante el proceso puede ocurrir que:
se modifique la intensidad del acompañamiento;
se ajusten horarios o actividades;
se solicite una valoración complementaria;
se recomiende fortalecer o cambiar el tratamiento especializado posterior;
o, si el caso rebasa la capacidad de la estancia, se indique referencia a otro nivel de atención.
El egreso podrá considerarse cuando exista, en términos generales:
mejoría clínica suficiente para salir de la estancia;
menor riesgo inmediato;
mayor estabilidad conductual y emocional;
mejor adherencia al tratamiento;
y una ruta clara de continuidad posterior.
También puede haber egreso por:
decisión voluntaria del residente;
referencia a otro nivel de atención;
o pérdida de compatibilidad con la modalidad residencial breve.
Al egreso, el residente podrá requerir una o varias de las siguientes alternativas:
seguimiento psiquiátrico;
psicoterapia individual;
apoyo psicológico continuo;
intervención familiar;
continuidad en consulta externa;
referencia a otro programa residencial o asistencial;
seguimiento médico general.
La continuidad posterior es parte central del tratamiento, ya que la estabilización lograda durante EREP debe sostenerse fuera de la estancia.
El objetivo de esta estancia no es “tener al residente resguardado”, sino ayudarle a recuperar condiciones mínimas de estabilidad, seguridad y organización para continuar su proceso de atención de una manera más segura y funcional.
La colaboración de la familia, su comprensión del proceso y su disposición para participar de forma realista y ordenada pueden hacer una diferencia importante en la evolución posterior.